En Raiola Meirás, la cocina es mucho más que un espacio donde se preparan alimentos. Es un lugar de encuentro, de memoria y de participación activa. En los últimos días, nuestros residentes se han convertido en auténticos protagonistas elaborando dos clásicos de nuestra gastronomía: tortilla y croquetas caseras.
Una actividad que ha llenado el centro de aromas, conversación y sonrisas.
Elaborando tortilla paso a paso
La jornada comenzó con la preparación de la tortilla. Pelar, cortar, batir, mezclar… Cada residente participó en alguna parte del proceso, adaptando la tarea a sus capacidades y ritmo.
El momento de darle la vuelta a la tortilla fue, como siempre, uno de los más esperados. Entre risas y cierta expectación, el resultado fue todo un éxito. Dorada por fuera y jugosa por dentro, como manda la tradición.

Más allá del resultado final, lo importante fue el proceso: trabajar en equipo, recordar recetas de toda la vida y compartir ese saber acumulado durante años.


Croquetas: tradición y trabajo en equipo
Después llegó el turno de las croquetas. Preparar la masa, dar forma con las manos, pasarlas por huevo y pan rallado… Un proceso artesanal que despertó recuerdos y conversaciones sobre recetas familiares, trucos de cocina y celebraciones de antaño.



Formar las bolitas fue uno de los momentos más participativos. Cada croqueta llevaba algo más que ingredientes: llevaba dedicación, coordinación y muchas ganas de disfrutar.



La actividad permitió trabajar la motricidad fina, la coordinación y la estimulación sensorial, además de reforzar la autonomía y la autoestima de quienes participaron.


